Articulos

Voto decisivo en conciencia

Por Rafael Rodriguez-Jaraba
REVISTA EPOCAS #173

Desde tiempos inmemoriales muchos colombianos se quejan de la ineptitud, los abusos y desmanes de la mayor parte de los políticos, sin embargo, cada cuatro años los reeligen y con ello se hacen cómplices involuntarios de los desvaríos y fechorías de estos malos agentes de los anhelos, las necesidades y las urgencias de la nación.

Colombia navega en un insondable mar sin orillas de corrupción, lo que exige que los ciudadanos, con criterio cívico desprovisto de prejuicios, pasiones e inclinaciones, evaluemos con el mayor rigor las opciones electorales que se nos presentan y elijamos a personas pulcras y honorables, que cuenten con liderazgo, virtud y sabiduría para ser merecedoras de la con anza pública, y con carácter y decisión para devolverle a la política la honra y la decencia perdida.

Sobrecoge ver en las calles de las principales ciudades del país, la proliferación de costosas y ostentosas vallas pu- blicitarias promocionando candidaturas de personas que descaradamente aspiran a su reelección al Senado y Cámara; en su mayoría, politiqueros ineptos e indecorosos, con insuperables limitaciones profesionales y académicas, que sin rubor alguno etaron su ética, burlaron la democracia, vendieron su independencia y se postraron ante el querer del Presidente que padecemos, quien solo ha conseguido lo que abusivamente se ha tomado o comprado con los recursos públicos.

Que nadie olvide, que Santos revirtió la tasa de crecimiento económico de la nación, duplicó el déficit scal, encareció los impuestos, desbordó el gasto y el endeudamiento, desterró la inversión extranjera, entregó la independencia energética de la nación, no tuvo valor para impugnar una sentencia viciada de nulidad de la Corte Internacional de Justicia que mutiló y desmembró el Archipiélago de San Andrés, y lo peor, violentó el orden democrático a cambio de una barnizada medalla de la cada día más desprestigiada Academia Nobel.

Nunca antes el desgreño, la indelicadeza, el abuso y la corrupción, habían tenido los niveles alcanzados por el Gobierno Santos; basta ver los sobrecostos en las obras de las mal llamadas 4G, en su mayoría, adjudicadas de manera irregular a Odebrecht a cambio de sobornos, o los faraónicos contratos adjudicados a la polémica rma Marketmedios; y que decir de la tolerancia complaciente de Santos y sus Superintendentes de Sociedades y Financiero en el desplome de las pirámides nancieras como las de InterBolsa, el Fondo Premium, Factor Group, Proyectar Valores Estraval y Elite, entre otras, que comprometieron más de 1.8 billones de pesos de cerca de 20.000 incautos inversionistas.

Respeto profundamente el disenso y la pluralidad propia de la democracia, pero desprecio y repudio a los corifeos que por miserables dádivas, estímulos y halagos, antepusieron sus intereses a los de la democracia, y cínicamente deses- timaron y burlaron la voluntad mayoritaria de la nación, la Constitución y el Estado Social de Derecho, a cambio de premiar y grati car a un puñado de criminales cansados y cebados de delinquir, que más que paz lo que quieren son honores, poder, privilegios y una vejez tranquila con solvencia económica.

No se entendería como una persona honesta y sensata, pueda votar por la reelección de candidatos a Senado y Cámara de Cambio Radical, del llamado Partido de la U, del regresivo y retardatario Polo Democrático y del desteñido y mancillado Partido Liberal; partidos, que dócil y obsecuentemente avalaron los perversos Acuerdos de La Habana que entronizaron las más cínica y desvergonzada impunidad, que como ya se puede advertir, tan solo han servido para estimular y aumen- tar la violencia, la criminalidad, la anarquía y el narcotráfico.

Las crecientes disidencias de las NarcoFarc demuestran la fractura de una banda criminal carente de principios y valores, tan solo interesada en obtener poder mediante la criminalidad y la intimidación, y en perpetuar su poder económico mediante el narcotrá co.

No es tiempo de votar por partidos, insignias ni colores; es tiempo de votar por respeto, orden, justicia, institucionalidad y democracia, y en contra del populismo, el terrorismo y la impunidad. Es tiempo por votar por Colombia y su perfectible futuro democrático.

Le llegó la hora a Colombia de de nir su futuro. Infortunadamente las opciones son pocas; rectificar el camino y vivi car la democracia; votar por el continuismo del actual Gobierno; o, entregarnos a la voluntad de un puñado de criminales sin ideas ni ideales, que secuestraron al Estado Social de Derecho y tomaron como rehén a un Presidente incapaz y pusilánime, carente de credibilidad, respeto y respaldo popular.

En las elecciones de cuerpos colegiados y de presidente, tendremos que decidir entre salvar una democracia burlada y vejada, o abrazar un comunismo criminal.

Mi voto será por la salvación de la democracia, por el fortalecimiento de las instituciones y por la consolidación de un Estado Social de Derecho en el que reine la educación, el respeto, el orden y la justicia.

Ojalá que esta vez, todos ejerzamos nuestro derecho al voto y lo hagamos en conciencia y en defensa de la democracia.